martes, 9 de noviembre de 2010

Un Instante.



SOLO UN INSTANTE

En un momento encendí el volcán que en mi ardió siempre, deje deslizar la lava encendida desgranando lenguas de fuego, arrasando las praderas agrestes de mis días y mis noches de desvelo y el jardín quedo tieso se petrificaron mis pimpollos, las hojas no se movieron, la hierba ya unida a los canteros se redujo a cenizas, la vida se paralizo, estallo la fiesta del silencio, los duendes de las tempestades bailaron sin música ni viento, luciendo túnicas grises con grises cabellos quietos.
Tiempo inerte que tal vez solo duro un instante hasta que se apaciguo el volcán, se sucedieron los instantes siguió transcurriendo el tiempo, la lluvia apago el fuego, el sol calentó la tierra, broto la hierba, la brisa movió las hojas, el silencio se pobló de trinos, los duendes se columpiaron en las ramas bailando con los sonidos del viento, y el perfume de la vida se sitúo en su lecho eterno, todo fue un estallido como el que produce el cielo cuando llega la tormenta y se viste de gris, pero todo pasa es el color con que se muda el tiempo, ese tiempo que no es, sino una cadena interminable de instantes con eslabones azules que llamamos tiempo

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